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Diez juguetes caseros que todos nos hicimos de pequeños

julio 13th, 2015 | Escrito por Yo fui a EGB en Al recreo

yoyo
No vamos a caer en el tópico de que eramos felices jugando con un palo, como hace poco nos recordó un anuncio de televisión, pero lo cierto es que cuando éramos pequeños tampoco teníamos tantos juguetes y muchas veces nos los teníamos que ingeniar con lo primero que pillábamos a mano.

Hoy hemos recopilado diez de aquellos juguetes o juegos caseros que nos fabricábamos nosotros mismos y que, sin que nadie nos diera las instrucciones de cómo hacerlos, todos terminábamos haciendo exactamente igual. Seguro que tú también te construiste alguno de ellos. Imaginación al poder.

Yo-yo con un fleje

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No era más que un fleje, de los que utilizaban en las fábricas para embalar, que al hervirlo enroscado se convertía en una especie de yo-yo. Los talleres y fábricas cercanas a los colegios recibían cada tarde auténticas manadas de niños en busca de la materia prima para su yo-yo. Había quien tenía suerte y se los traía su padre del trabajo. Así cualquiera.

Pulseras con los cables de teléfono

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No fallaba, si veías a un trabajador de telefónica reparando alguna cabina de teléfonos, en la puerta le estaban esperando un montón de críos para pedirle esos cables de colores que después utilizábamos para hacer pulseras. Algunos se enrollaban y te los regalaban, otros no y nos teníamos que conformar con los restos de cable que dejaban por el suelo. Que tu padre trabajara en Telefónica era un chollo.

Chapas

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Sin duda el ejemplo más claro de reciclaje a la hora de hacernos nuestros propios juguetes y aquí a quienes teníamos abrasados era a los camareros pidiéndoles chapas de las botellas. ¡Bendita paciencia! Después bastaba con recortar uno de tus cromos con tu ciclista o futbolista favorito y pegarlo con un poco de plastilina. Había auténticos profesionales de las chapas que hasta les ponían un cristal que redondeaban en las farolas.

Adornos en los radios de la bici

bici

Lo más frecuente era hacer pequeños trozos con la goma naranja del butano o utilizar los plásticos de colores donde ponía las tallas en las perchas, pero también había quien ponía directamente una carta sujetada con una pinza para que aquello hiciera ruido. Todo valía total de que nuestra bici fuera diferente a las demás.

Tirachinas

tirachinas

Entramos en el apartado de juegos peligrosos pero parece que en aquella época todo niño debía ir armado y no podías salir de casa sin su tirachinas en el bolsillo. Los vendían en los quioscos pero todos sabíamos que los de fabricación casera tenían mucha más potencia, sobre todo si le pedías ayuda al abuelo.

Tirahuevos

Tirahuevos

Los cuellos de las botellas de leche estaban muy cotizados porque eran los mejores para hacerte una de estas armas en las que la elasticidad de un globo servía para propulsar un garbanzo o cualquier otro proyectil. ¡Cómo picaba!

Ballesta

regla

Una tabla de madera con un par de puntas, unas gomas elásticas y una pinza de la ropa enganchada. Esta ballesta ya era artillería pesada. Mira que éramos bestias.

Tabas

tabas

Las tabas en su origen se hacían con huesecillos, normalmente de cordero, y para que no quedara tan macabro había quien las pintaba de colores. Nos queda muy claro que de cualquier cosa se puede hacer un juguete.

Cordel

cordel

Un simple trozo de lana, un pequeño cordel, era suficiente para enlazarlo en tus dedos y pasarle la ronda a tu compañero para que continue la jugada. Seguramente el juego surguió en ese momento en el que tu madre te estaba tejiendo uno de aquellos jerseys de lana.

Máquina de Petacos

petacos

Porque en la máquina de petacos de los recreativos había que echar monedas y siempre nos quedábamos con las ganas de jugar más, ¿qué mejor que hacerte una casera? Con un par de pinzas de la ropa como petacos, un montón de gomas elásticas, unos clavos y mucha imaginación ya puedes jugar todo lo que quieras y sin miedo a perder la bola (en este caso, canica) porque haga «falta» o «TILT».

¿Qué es eso? ¿eso es queso?

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Y finalizamos con un ejemplo de cómo hasta los anuncios de la tele tiraban del ingenio a la hora de crear juegos. En este anuncio no se les ocurrió otra cosa que unos niños se pintaran la palabra «queso» en cada uno de sus dedos y escenificaran aquello de «¿Qué es eso? Eso es queso ¿Qué queso es?«. Claro, al momento ya estábamos todos los niños haciendo lo mismo con nuestros dedos.

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