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Los chistes más míticos de la EGB: los que más nos gustaba contar de pequeños

abril 17th, 2013 | Escrito por Yo fui a EGB en Costumbres EGB

Chistes-arevalo

Contarle un chiste a un niño es muy peligroso porque si es capaz de aprendérselo de memoria puede repetirlo miles de veces como un lorito. El otro día ya os trajimos 10 chistes malos que nos gustaban de pequeño y gracias a vuestra colaboración hoy recopilamos aquellos primeros chistes que nos contaron y que no parabamos de repetir una y otra vez. Cómo para olvidarlos.

Perros de chiste

No sé muy bien por qué pero lo de los perros y los nombres que les ponen sus amos siempre ha dado mucho juego. Aquí van tres ejemplos que seguro que recordáis.

Era una señora que tenía un perro que se llama Mistetas y un día se le perdió y muy disgustada empezó a llamarle:
-¡Mistetas!, ¡Mistetas!
De repente vio un policía y corriendo fue donde él y le preguntó:
-¿Ha visto mistetas?
Y el policia le repondió:
-No, pero me gustaría verlas.

Había una vez un perro que se llamaba chiste,
Se murió el perro y se acabo el chiste.

Había una vez un chino que tenía un vecino que se llamaba Curro y tenía dos perros que no paraban de ladrar. Una noche ya harto el chino llama a la policía y le dice:
-Los pelos del culo no me dejan dolmil.
-Y a mí que me cuenta, pues aféiteselos.

Era un inglés, un francés y un español

O un alemán, o un vasco, un catalán, un gallego y un andaluz… La cantidad de chistes de gentilicios que nos sabíamos en los que siempre salía mejor parado el que más cerca teníamos, claro.

Era un inglés, un francés y un español que querían dormir en un hotel.
Llega el inglés al hotel y dice:
-Quiero una habitación.
-Vale, pero está el fantasma de los ojos azules.
-No importa.
Por la noche escucha: -Soy el fantasma de los ojos azules…
Y del susto se tira por la ventana.

Llega el francés al hotel y dice:
-Quiero una habitación.
-Vale, pero está el fantasma de los ojos azules.
-No importa.
Por la noche escucha: -Soy el fantasma de los ojos azules…
Y del susto se tira por la ventana.

Llega el español al hotel y dice:
-Quiero una habitación.
-Vale, pero está el fantasma de los ojos azules.
-No importa.
Por la noche escucha: -Soy el fantasma de los ojos azules…
-Pues ten cuidado no te los vaya a poner yo morados.

Jaimito

Pero el rey indiscutible de los chistes de la EGB era Jaimito, ese niño muy burro y con muy mala leche con el que en el fondo nos identificábamos porque era capaz de hacer en los chistes todo lo que nosotros no nos atrevíamos en la vida real.

Está Jaimito en un avión y le entran muchas ganas de hacer cacas, va al baño y como está ocupado caga en un papel, lo envuelve y lo tira por la ventanilla y cae en un convento. Se acercan unas monjas y dicen:
-¿Será una rosa?
-¿Será un clavel?
Y Jaimito que lo oye, responde: -Será la mierda que yo cagué.

-Jaimito, subeeee.
-Sí, para que me tires otra vez.

Jaimito y su abuela salen a pasear y de repente Jaimito se encuentra un chicle y le pregunta a su abuela:
-¿Lo puedo coger?
-No Jaimito las cosas del suelo no se cogen.
Siguen paseando y Jaimito se encuentra un duro
-Abuelita, abuelita, ¿lo puedo coger?
-No, Jaimito, te he dicho que las cosas del suelo no se cogen.
Siguen andando y de repente la abuela se resbala y se cae al suelo:
-¡Ay! Jaimito ayúdame.
-No, abuela, las cosas del suelo no se cogen.

Mamá, mamá, en el colegio me llaman…

La saga de este tipo de chistes era interminable, con ellos aprendimos que te llamaran lo que te llamaran en el cole era mucho mejor callártelo.

-Mamá, mamá, en el colegio me llaman morsa.
-Cállate niño y súbete a una silla que me rayas el suelo.

-Mamá, mamá, en el colegio me llaman cabezón.
-¿Y no les persigues?
-Es que se meten por unos callejones tan estrechos…

Llega a un bar un padre con su hijo.
-¡Camarero!! póngame una cerveza.
-Y para el niño, ¿una Mirinda?
-No, el niño ya viene mirindao de casa.

Chistes de marca

Las marcas se hacían tan famosas que formaban parte de la cultura popular y claro, tampoco se salvaban de los chistes.

– ¿Me da cinco chicles?
– ¿Cheiw?
– No, chinco

– Hola, ¿tiene un boli?
– ¿Replay?
– Hola, ¿tiene un boli?

Chistes absurdos

Personalmente eran los que más me gustaban porque normalmente eran muy cortos y tampoco había que tener mucha gracia para contarlos. Lo más gracioso era la cara con la que se quedaba a quién se lo contabas: “ah, ¿y ya está?

Había una vez una niña que tenia 3 pelos y un día le dice a su madre:
-Hazme una trenza.
Y cuando se la está haciendo se le cae un pelo.
-No importa hazme una coleta.
De repente se le cae otro pelo.
-No importa, déjame el pelo suelto.

Van dos y se cae el del medio

¿Cuál era el chiste que más repetías cuando eras pequeño? Vamos, ¿nos lo cuentas?

También puedes ver:

Diez chistes malos que nos encantaban de pequeños
¿Hace cuanto que no escuchabas esta canción? parte 2
Las dedicatorias de las carpetas, nuestros primeros poemas
Adivinanzas y acertijos que nos aprendimos de pequeños
Aquellas canciones para saltar a la goma
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Topicazos EGB


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